La salud de las mujeres, una deuda pendiente

En este Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, queremos recordar que su salud está atravesada por las desigualdades de género y las distintas formas de violencia que sufren las mujeres a lo largo de la vida.

Las mujeres continúan recibiendo diagnósticos tardíos por el hecho de ser mujeres. En algunos casos este retraso puede prolongarse durante años, dificultando el acceso a un tratamiento adecuado y aliviando el sufrimiento de forma tardía.

A esta realidad se suma otra brecha alarmante: aunque las mujeres viven más tiempo, lo hacen en peores condiciones de salud. El informe «Closing the Women’s Health Gap» (World Economic Forum, 2024) señala que las mujeres pasan un 25% más de su vida con mala salud que los hombres, lo que equivale aproximadamente a nueve años vividos con enfermedad, discapacidad o síntomas que afectan a la calidad de vida y al bienestar de las mujeres.

Estos datos evidencian la existencia de un sesgo de género en la atención sanitaria. Durante décadas, el cuerpo de los hombres se ha utilizado como modelo estándar para la investigación, el diagnóstico y el tratamiento, invisibilizando las diferencias biológicas de las mujeres.

Pero la desigualdad en salud no se explica solo por factores biológicos; también intervienen determinantes sociales, culturales y económicos que condicionan el acceso, la calidad de la atención y los resultados en salud. Además, estos factores tienen impacto en la salud mental de las mujeres, que se ve impactada por desigualdades como la precariedad, la sobrecarga de cuidados, la violencia o la discriminación, muchas veces invisibilizadas o infratratadas en el sistema sanitario.

Este problema se agrava cuando hablamos de procesos que afectan específicamente a mujeres, como la endometriosis, la salud menstrual o la menopausia. Muchas de estas realidades siguen insuficientemente investigadas y continúan rodeadas de tabúes sociales que las relegan a un segundo plano en la agenda sanitaria, como si se tratara de cuestiones menores por afectar exclusivamente a mujeres. Esta falta de atención y reconocimiento repercute en la calidad de vida, el bienestar y el ejercicio pleno de los derechos en salud.

Este 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, reivindicamos la necesidad urgente de incorporar una perspectiva de género real en el sistema sanitario, que reconozca las diferencias, corrija los sesgos y garantice una atención equitativa.

Hablar de salud también implica reconocer que las condiciones de vida, los cuidados, la desigual distribución del tiempo y las múltiples desigualdades que enfrentan muchas mujeres afectan a su bienestar cotidiano.

Desde las entidades sociales tenemos un papel clave en la construcción de entornos más seguros, igualitarios y saludables, incorporando una mirada de género que permita acompañar de forma integral a las mujeres.

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